Situación actual

En estos días en los que mi actividad diária me permite ir disponiendo de algo más de tiempo para dedicarle al blog, me gustaría reflexionar sobre tres aspectos de la actualidad aeronáutica que marcan, a mi modo de ver, la tendencia del sector de cara a un futuro inmediato.

En primer lugar, vemos como en más de un sitio se comenta que comienzan buenos tiempos para la aviación comercial, que ha estado en crísis durante los últimos años y que empieza a augurar buenos números en la contabilidad de las compañías aéreas y de los fabricantes aeronáuticos. De hecho, y a pesar de los retrasos, el Boeing 787 Dreamliner da muestras de ir adelante y con buenas perspectivas, mientras Airbus ve con satisfacción crecer su número de pedidos del A380 y continua con optimismo en el desarrollo del A350 del que ya acumula 505 pedidos de 32 clientes. La tecnología y la sostenibilidad se van implantando en el sector, despacio, pero sin pausa.

Por otro lado, al ya máltratado ámbito de la seguridad, se añaden dos nuevas polémicas. La guerra abierta en el frente del Sistema ATC español, con los controladores de los nervios, sus responsables al borde de un ataque de nervios y la administración ejerciendo toda la presión posible, parece el juego de tirar de la cuerda. Lo que no sabemos es qué pasará si la cuerda se rompe. Todos pagarán las consecuencias, pero la peor parte se la llevarán, como siempre, los pasajeros que sufran un incidente o accidente (esperemos que sea lo primero). Si verdaderamente hay que reorganizar el sector del control aéreo, mejor hacerlo sin chapuzas y sin crispación, por lo que pueda pasar, ¿no?. Al fin y al cabo, los controladores han llegado a cobrar esos sueldos por algo, y no es precisamente por vaciar papeleras.

Si a esto le añadimos el hecho de que en los aeropuertos se va a proceder a la instalación y utilización del famoso “escaner corporal”, ya es para echarse a llorar. El tema de la seguridad en los aeropuertos es como una soga al cuello del negocio de la aviación comercial, y cada nueva medida impuesta ahoga aun más al mismo. A nadie le gusta esperar colas, pero si la necesidad o el bien que se persigue merece la pena, pues uno se aguanta y punto. Pero todo tiene un límite. Si a las esperas, las limitaciones en los productos de primera necesidad en el equipaje de mano, hay que sumar la humillación de quitarse las botas, pasar por un escaner en el que se adivina tu perfil desnudo y otras cuestiones que se le irán ocurriendo a la autoridad aeronáutica de turno, muchos optan por recurrir, en la medida de lo posible a otros medios de transporte. Es el caso del puente aéreo Madrid-Barcelona. Al final, en con el AVE hasta te ahorras tiempo, y por supuesto incomodidades. Está claro que la seguridad debe existir y se deben tomar medidas al respecto, pero la clave es crear un entorno seguro sin “hacerle la puñeta” al pasajero

Por lo tanto, vemos como el punto que mantiene anclado el negocio en un nivel algo estancado es precisamente la parte correspondiente a la administración y autoridades aeronáuticas, que hacen su trabajo con una ineficiencia poco acorde con el desarrollo tecnológico.

Y esto, en tercer lugar, aporta un punto de partida interesante para el incipiente negocio del turismo espacial, que va dando pasos seguros hacia delante de mano de Sir Richard Branson, con su recientemente presentado (a modo de estrella de cine) SpaceShip Two. De momento es pronto para conocer cómo va a evolucionar este nuevo modelo de transporte, que inicialmente va a ser de ocio, y es que en un marco de evolución del sector espacial adecuado, Virgin Galactic se estaría posicionando muy inteligentemente como pionera para un futuro sistema de transporte regular a sitios como la Luna, Marte, etc previa escala en la ISS.

Pero el problema es que el tema espacial no está en su mejor momento. En EEUU, Obama le ha cortado el presupuesto al programa Constellation, con lo que cierra por un tiempo las posibilidades de avanzar en el conocimiento, exploración y colonización lunar. Está claro que el sector espacial, por su propia naturaleza, precisa de volúmenes de inversión difícilmente asumibles por el sector privado, así que habrá que esperar algún acontecimiento o detonante que mueva, de nuevo, a la politica a darle un nuevo empujón al intento de hacer realidad la normalización de la presencia humana en destinos fuera de nuestra atmósfera terrestre.

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